PUERTO PRINCIPE (AP) — Un fuerte sismo sacudió Haití el miércoles, provocando que la gente corriera por las calles dando alaridos de pavor, remeciendo los pocos edificios que quedan en pie, tirando algunas construcciones y agravando el trauma de una nación que todavía no se recupera del apocalíptico terremoto de hace ocho días.
El nuevo temblor, al amanecer, derrumbó siete edificios en Petit-Goave, la población costera más cercana al epicentro, dijo Mike Gordon, de la agencia de Evaluación de Desastres y Coordinación de la ONU.
No obstante, no hubo reportes de personas muertas o atrapadas, quizá porque mucha gente prefiere dormir a la intemperie como consecuencia del primer terremoto.
El sismo del miércoles fue de 5,9, la misma magnitud de la réplica más poderosa que han seguido al terremoto del 12 de enero que devastó la capital.
Se escucharon alaridos de terror por todo Puerto Príncipe, donde la réplica obligó a detener las tareas de rescate entre los escombros de cemento de los edificios caídos. Médicos y pacientes huyeron del Hospital Universitario.
Cientos de miles de haitianos siguen desamparados, hambrientos y en duelo, la mayoría aún a la espera de los beneficios de una campaña global que ha reunido unos 1.000 millones de dólares en ayuda y que ha traído centenares de médicos y miles de soldados a la nación caribeña, la más pobre del continente.
El director humanitario de la ONU, John Holmes, dijo a reporteros en Nueva York que probablemente dos millones de haitianos necesitarán ayuda alimentaria durante los próximos seis meses, mientras el Programa Mundial de Alimentos y otros donadores sólo han alcanzado hasta ahora a medio millón "con cantidades razonables de comida".
El barco hospital del ejército estadounidense Comfort, llegó el miércoles a Puerto Príncipe con 550 efectivos médicos, uniéndose a equipos de unos 30 países que intentan atender a los heridos. El terremoto de la semana pasada dejó unos 200.000 muertos, 250.000 heridos y unos dos millones desamparados, según la Comisión de Unión Europea.
El Pentágono anunció que 2.000 soldados estadounidenses más serían enviados a Haití, sumándose a los 11.500 militares que ya se encuentran en el país o en barcos en la costa. Se espera que la cifra llegue a los 16.000 para el fin de la semana.
Cuando empezó el temblor del miércoles por la mañana, soldados y miles de víctimas del terremoto que estaban en un campo de golf acondicionado como refugio provisional corrieron hacia zonas al aire libre. Los soldados en el lugar estaban atendiendo a unas 25.000 personas que viven bajo carpas de plástico o tela.
"Fue como estar parado sobre una tabla colocada encima de una pelota", dijo el sargento estadounidense Steven Payne, de 27 años, quien se preparaba para repartir comida en el campo.
Al menos una mujer murió de un ataque al corazón, según Eddy Thomas, un encargado médico quien transportaba su cuerpo en una camilla por una calle de Puerto Príncipe. "Tenía problemas de corazón y el nuevo sismo acabó con ella", agregó.
El Instituto Geológico de Estados Unidos situó el epicentro a unos 60 kilómetros (35 millas) al oeste-suroeste de Puerto Príncipe, a una profundidad de 10 kilómetros (6,2 millas).
El sismo del miércoles tuvo la misma magnitud de la más fuerte de las 49 réplicas de magnitud 4,5 o más que siguieron al terremoto del 12 de enero. El geofísico Bruce Pressgrave, del Servicio Geológico estadounidense, dijo que nadie sabe si puede haber una nueva réplica aún más fuerte.
"Las réplicas suelen desvanecerse rápidamente", dijo. "Pero en algunos casos continúan durante semanas, o incluso meses si no tenemos suerte", a medida que la tierra se acomoda a las tensiones provocadas por el temblor inicial.
La sacudida provocó grietas de 20 centímetros (ocho pulgadas) en una carretera al oeste de la capital, cerca de Leogane, donde los soldados estadounidense organizaban un puesto para ayudar a víctimas del terremoto que están durmiendo en calles o aparcamientos, a veces debajo de los árboles con telas en las ramas para mantenerse a la sombra.
El sismo del miércoles, combinado con un poco de lluvia el martes, complicó las tareas de rescate, dijo el doctor Yi Ting Tsai, parte de un equipo humanitario taiwanés que buscaba sobrevivientes en la destrozada catedral.
"El problema es la lluvia y el nuevo temblor esta mañana ha hecho que los escombros sean más compactos", dijo.
Equipos de ayuda internacional han rescatado a 121 personas de entre las ruinas de Puerto Príncipe, una cifra sin precedentes, según organizaciones de ayuda. El doctor Jon Kim Andrus, subdirector de la Organización Panamericana de la Salud, dijo que "muchas más han sido rescatadas por haitianos trabajando sin ningún tipo de equipamiento".
Uno de los rescates más conmovedores fue el de Ena Zizi, una trabajadora de la limpieza de 69 años, quien dijo que rezó constantemente durante su semana bajo los escombros.
Zizi estaba en una reunión en la residencia del arzobispo Joseph Serge Miot cuando se produjo el terremoto, atrapándola entre los escombros. El martes fue rescatada por una cuadrilla mexicana creada por el fuerte sismo de 1985 en ese país latinoamericano.
Zizi dijo que después del temblor, conversó durante algún tiempo con un sacerdote que también quedó atrapado. El religioso, sin embargo, dejó de hablar unos días después, La mujer dijo que pasó el resto del tiempo rezando y esperando.
"Yo sólo hablé con mi jefe, Dios", dijo. "No necesité a más humanos".
Los médicos dijeron que Zizi estaba deshidratada y tenía dislocada la cadera y una pierna fracturada.
"Estoy muy bien, creo", dijo Zizi mientras yacía sobre una manta térmica frente a un hospital cubano. Tenía el pelo cubierto con polvo blanco.
La anciana sobrevivió una semana en las ruinas de la residencia del arzobispo católico de Haití, cuyo cadáver fue encontrado el martes sentado en una silla en lo que parecía su oficina.
En otras partes de la capital, dos mujeres fueron rescatadas de un edificio de la universidad. Cerca de la medianoche del martes, Lozama Hotteline, de 26 años, rió y cantó tras ser rescatada de las ruinas de una tienda en el vecindario de Pétionville por el grupo francés Socorristas sin Fronteras.
Aún así, los esfuerzos colosales para ayudar a los haitianos quedaban cortos ante la escala del desastre. Las expectativas superaron lo que el dinero, la voluntad y el ejército podían lograr.
El Programa Mundial de Alimentos dijo que había distribuido aproximadamente un millón de raciones a unas 200.000 personas alrededor de la capital, pero eso es tan sólo una décima parte de la gente a la que espera llegar.
Los gobiernos se han comprometido a aportar casi 1.000 millones de dólares en ayuda y miles de toneladas de comida y equipamiento médico han sido enviados. Sin embargo, mucho material sigue acumulándose en almacenes o siendo desviados a la República Dominicana.
El puerto de Puerto Príncipe no funciona y muchos caminos siguen intransitables, complicando los esfuerzos por llevar ayuda a los necesitados.
El aeropuerto de una sola pista sigue rechazando los vuelos con ayuda. Las fuerzas estadounidenses, que lo controlan, han sido criticadas por no dar la prioridad correcta a los aterrizajes. La Fuerza Aérea de Estados Unidos dijo que elevó la capacidad diaria de la aerostación a 180 aviones, de 30 antes del sismo.
El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, dijo que el Pentágono enviará un buque con grúas especializado en la limpieza de puertos para retirar los escombros que impiden el atracamiento de grandes barcos.
La ONU también estaba enviando refuerzos: El Consejo de Seguridad aprobó el martes sumar 2.000 a los 7.000 efectivos de las fuerzas de paz y 1.500 agentes más a los 2.100 de la fuerza policial internacional.
Acaso tan importante como el envío de ayuda fue el anuncio del banquero Richard Coles, de que los bancos reabrirán el sábado. Esto ayudará a restaurar el envío de fondos por haitianos en el exterior, que suman 1.900 millones de dólares anuales.
Tal vez los haitianos tengan en qué gastar el dinero: Los campesinos ya están volviendo a la ciudad desde su parcelas, para vender coles, camotes, caña de azúcar y lechuga.